Neurosis anunció An Undying Love For A Burning World, su primer álbum en diez años, junto con la incorporación de Aaron Turner —Isis, Old Man Gloom, Sumac— como vocalista y guitarrista. No es una reunión, aclaran: “nunca nos separamos.” Luego de tiempos muy turbulentos, el anuncio en el equinoccio de primavera, así regresa la legendaria banda y creadora del post-metal.
Estamos completamente destrozados
La evolución puede ser fea y hermosa, dolorosa y eufórica. An Undying Love For A Burning World es el primer lanzamiento de Neurosis en una década y una potente declaración de intenciones y renacimiento, que marca los primeros pasos hacia la determinación y la resiliencia. El comunicado de la banda no suena a hype de relanzamiento. Suena a necesidad real:
Necesitamos esto, quizás más que nunca, y sospechamos que no estamos solos. Las pruebas y tribulaciones en nuestras vidas personales y como banda, combinadas con el simple hecho de intentar navegar por la locura de nuestra sociedad, con el estrés, la ansiedad y el aislamiento que ello conlleva, pueden ser insoportables. A esto se suma la confusión existencial y la tristeza que provocan la crisis climática y la sexta extinción masiva. Es suficiente para hacerte perder completamente la cabeza si no encuentras una vía de escape o catarsis. Esta extraña música cargada de emoción siempre ha sido nuestro método para intentar sobrevivir a esto y es de lo que siempre hemos cantado. Cuando has pasado toda una vida comprometido con estas energías y utilizando esta forma de expresión para purgar y purificar, resulta perjudicial para nuestro bienestar dejarla inactiva y abandonada. Era ahora o nunca
Es difícil no sentir el peso de esas palabras viniendo de una banda que construyó toda su carrera sobre la catarsis y el exorcismo emocional. El álbum llega cargado de esa misma urgencia, la banda nunca cantó sobre otra cosa, pero en 2026 el contexto les da razón de maneras que quizás no preferíamos.
Hemos olvidado cómo vivir, por eso sufrimos
Un álbum épico de hipnotismo colosal: hermoso, temible y absolutamente cautivador, como solo Neurosis sabe hacerlo. La incorporación de Aaron Turner (Isis, Old Man Gloom, Sumac, etc.) no es una sorpresa si seguiste su trayectoria de cerca. La propia banda lo reconoce: Desde el primer momento se puso manos a la obra, aportando, componiendo y presentando ideas. Su energía encaja perfectamente con la nuestra. Es como si siempre hubiera estado destinado a estar ahí
. Turner, por su parte, no escatima en emoción:
Desde el momento en que escuché a Neurosis por primera vez, hace más de 30 años, sentí que esta era la música que mi corazón y mi mente habían estado buscando. Es un honor haber sido acogido tan calurosamente en una banda que ha vivido y ejemplificado la necesidad de mantener la integridad creativa por encima de todo.
Treinta años de influencia mutua, cerrados con una membresía formal. Hay algo inevitablemente correcto en eso.
Hemos olvidado cómo luchar, por eso sufrimos
La banda nunca ha temido al cambio, y aquí abraza una regeneración sin fin, rindiéndose al exorcismo emocional que su música provoca a través de la pesadez y la distorsión. La cacofonía de ruido, ritmo y disonancia de Neurosis siempre culmina en momentos de belleza. La incorporación de la potente voz de Turner y su enfoque tremendamente creativo y desenfrenado de la guitarra resulta ser una fuerza vital, mientras Neurosis se encuentra de nuevo a merced de la evolución y la expresión.
Hemos olvidado que somos salvajes, por eso sufrimos
En cada canción de su historia, la banda oscila sin descanso entre la tensión y el alivio, invocando en los oyentes un sentimiento a la vez salvaje y trascendente. La banda describe su proceso de composición como un impulso ineludible de crear juntos, una necesidad más que una elección.
El álbum fue grabado por Scott Evans (Kowloon Walled City, Sumac y Great Falls) en el Studio Litho de Seattle durante tres fines de semana de este invierno, y mezclado en tres días, apenas seis semanas antes de su lanzamiento, en Antisleep Audio, el estudio de Evans en Oakland. Esa urgencia de producción se siente como una decisión artística tanto como logística: capturar algo antes de que se enfríe.
Existimos en aislamiento, por eso sufrimos
El primer concierto en siete años no será en una arena ni en un festival europeo de metal. Será en las tierras tradicionales de la Blackfeet Nation, en Montana, como parte del festival Fire in the Mountains (FITM), por invitación de Firekeeper Alliance, una organización dedicada a reducir el suicidio juvenil en las comunidades indígenas. FITM es un festival único conocido por llevar música épica a paisajes épicos con la intención de reconectar y sumergirse en el mundo natural, y fortalecer nuestras raíces ancestrales como seres humanos —un objetivo que encaja directamente con el poder profundamente arraigado de Neurosis—.
No se me ocurre un entorno más apropiado para nuestro regreso a los escenarios
, comenta Steve Von Till, guitarrista de la banda y miembro de la junta de Firekeeper Alliance, lo explica mejor que cualquier comunicado de prensa: El festival Fire in the Mountains del año pasado fue el evento musical más profundo en el que he participado jamás. Siempre hemos creído en el uso de la música emocionalmente intensa para construir comunidad y mirar colectivamente a la oscuridad a los ojos, pero utilizarla para abordar directamente el suicidio, el duelo y el trauma lo lleva a otro nivel.
La disonancia es ensordecedora
No se me ocurre un regreso más coherente para estos verdaderos chamanes. An Undying Love For A Burning World ya está disponible en su totalidad.



























