Gillan – Mr. Universe (1979)

Mr Universe

Después de muchos titubeos y bastantes devaneos, heme aquí de regreso; entusiasta y sereno. Antes de dar paso a las recomendaciones de este año, que no son pocas por cierto, quisiera sacar de mi pecho algunas recomendaciones de color púrpura.  

Para 1973, Deep Purple, estaba cosechando los excesos de la fama, el éxito y la presión de la industria musical. Un coloso con pies de arcilla, para utilizar una expresión bastante desgastada, como el tiempo al cual nos referimos; brumoso, distante, ecléctico. Gillan era un hombre quebrado, corroído por el alcohol; desconfiaba de su propio talento, Blackmore salió ganando, y en uno de esos giros imprevistos de la historia, presentó su renuncia irrevocable a la junta directiva de H.E.C. Enterprises. Nadie se inmutó, Gillan podía ser reemplazado, como cualquier otro miembro de la banda. Ya habían pasado por tal predicamento, podían hacerlo de nuevo. 

Child in Time

Cuando Gillan cerró esa puerta, estaba decidido a ponerle un punto final a su carrera como músico y símbolo sexual; era joven, tenía dinero, podía comenzar de cero, tal como lo hizo el pávido Rod Evans (el olvidado primer vocalista reconvertido en enfermero). De cantante extraordinario a emprendedor solitario, un salto cuasi bizarro y nada acertado. Fue un fracaso tras otro; en octubre de 1975, recibió una llamaba de Roger Glover, necesitaba un reemplazo con suma urgencia para la presentación en vivo de su disco: The Butterfly Ball and The Grasshopper’s Feast. Dio no pudo asistir a la presentación, Blackmore se lo prohibió; Gillan ocupó su lugar, compartiendo camerino por primera y única vez con sus reemplazos en Deep Purple: David Coverdale y Glenn Hughes. La experiencia, y la ovación del público, lo alentó a iniciar una carrera como solista y en 1976 salió el Child in Time, con la recientemente formada Ian Gillan Band, con un sonido que colinda más con el jazz experimental, dejó desconcertado a más de un fan.

La banda no tuvo ninguna repercusión, salvo en los circuitos subterráneos de Europa y del Japón, país que recibió con mucho entusiasmo la aventura solista del vocalista. Sacaron tres discos muy raros y sin posibles éxitos radiales, dificultando la ardua tarea de encontrar promotores y distribuidores.  Colin Towns, el entonces tecladista, presentó una canción que fue rechazada casi de manera unánime, por ser muy simple para el estilo de la banda, ahí Gillan tomó la decisión de iniciar un nuevo proyecto. Según lo que él mimos cuenta, se salió de su propia banda para iniciar otra, llevándose a Colin Towns, pues no tenía el coraje de despedir a nadie. El grupo, recién formado, autofinanciándose, entró al estudio para grabar su disco debut, cómodamente rebautizado como The Japanese album, ya que únicamente fue distribuido en Japón, Australia y Nueva Zelandia. Disco que se vendió curiosamente bastante bien en el UK, a un precio elevado pues había que importarlo. La grabación marca el regreso a un sonido más clásico, si vale el término, un sonido similar al de Deep Purple, sin arreglos sofisticados, más crudo aunque bastante melódico, siendo el gran aporte de Towns.

Clear Air Turbulance

El disco no generó el interés de los distribuidores habituales; la idea era grabar una versión para el mercado europeo y Gillan llamó a todos los sellos discográficos sin ningún resultado. Firmó con Acrobat, una casa independiente que colapsó, ni bien salió el disco a la venta, y por mucho tiempo figuró entre las rarezas, como el resto de la discografía de Gillan, álbumes que pasaron casi desapercibidos y no son malos en sí, pese a las notables deficiencias del lado de la producción. Para 1979, Gillan seguía siendo un excelente vocalista, aunque era claro que su estilo vocal estaba decayendo. Cuando regresó a los escenarios, en 1976, Gillan tomó conciencia de su estatus: era uno de los vocalistas más respetados e influyentes de la escena británica. Todos recordamos con efusión los gritos demenciales y sobrehumanos en Child in Time, siendo uno de los hitos más emblemáticos del rock setentero, junto con Stairway to Heaven de Led Zeppelin y War Pigs de Black Sabbath; son los pilares de un sonido más agresivo que se expandirá con mucha fuerza a lo largo de los años ochenta. Al tomar conciencia del poder de su rango vocal, Gillan comenzó a utilizarlo sin recaudo. En el primer disco su voz suena muy bien, sostiene los agudos y vuelve a grabar una canción legendaria, con arreglos un tanto extraños. Para el segundo, fuerza mucho su voz y es claro que ya no puede sostener los agudos de la misma manera. En la gira del Child in Time, Gillan le tenía que demostrar al mundo que seguía siendo la voz de Deep Purple y la voz del rock, solo igualado por Robert Plant; al hacerlo, dañó sus cuerdas vocales sin remedio. El cambio dramático en su voz, lo convirtió en una caricatura de sí mismo y tardé mucho tiempo, en hacer las paces con él.

Sacarabus

Con todo, el Mr. Universe, con su portada media rara y su nombre poco atractivo, es una joya de disco; el mejor, en la carrera del vocalista, en mi modesta opinión. Comienza con una canción instrumental escrita por Towns, que sea dicho de paso tendrá una exitosa carrera como compositor para series y películas. A la Ian Gillan Band le faltaba fuerza y cohesión en sus arreglos, los tres discos que grabaron son interesantes y vale la pena escucharlos, aunque sea por curiosidad histórica. La banda errónea en el tiempo erróneo, como algunos críticos lo señalaron en su momento. Por eso mismo, Second Sight señala un nuevo comienzo, es otra banda, con otro sonido y con otra identidad. El giro se confirma con Secret of the Dance, una canción bastante convencional, con esa dosis de humor peculiar que suele ostentar Gillan; la calidad de sus letras ha mejorado mucho con el paso de los años, y los discos que grabó con esta banda refuerza esa imagen de cantante humorista, lo que generó un problema cuando se unió a Black Sabbath, en otra de esas historias descabelladas del rock contemporáneo. A nivel musical es bastante similar al sonido frenético de Deep Purple, equilibrando bien los teclados y la guitarra, con una sólida sección rítmica en el centro; lo que falla es la producción.

On the Rocks

Cabe destacar el sorprendente trabajo de remasterización de la edición 2007, enmarcado en una retrospectiva de la carrera de Gillan que puso en el mercado discos desaparecidos hace mucho tiempo; suena mucho mejor de lo que yo recordaba, tiene un bonito packing, atractivo para los coleccionistas y es la ocasión perfecta para redescubrir un aspecto poco conocido de la carrera de Gillan. She Tears me Down, introduce elementos melódicos, las teclas de Towns dominan y la voz de Gillan, revela un aspecto que siempre suelo recalcar, se oye muy bien cuando no fuerza su voz. Roller, es una canción casi metalera, tiene algo de Motörhead y de Rainbow, con esos rangos medios que a Gillan le gustan tanto y que fueron mellando considerablemente su habilidad vocal. Aquí canta con mucha fuerza, todavía, y la canción revela el aporte nada desdeñable de Bernie Tormé en la guitarra. Le sigue la canción epónima, reciclando el título de una canción de Episode Six, la primera banda de Gillan, con ese tufillo psicodélico. Aquí la canción va por otro lado, comienza con unos teclados, similares a la introducción Baba O’Riley y tiene un medley parecido al de Whole Lotta Love; es uno de los puntos más destacados del disco y muestra todo el poder musical de la banda, Gillan canta muy bien, por cierto, y creo que nunca más cantará con ese poder vocal; ya el 82 era un franco desastre.

The Japanese Album

Vengeance, abre el lado B en la edición original, sigue siendo una canción pesada y aquí destaca más el bajo de John McCoy; la banda tiene química y funcionó a la perfección en vivo, convirtiéndose en toda una atracción británica, compitiendo con Rainbow y Whitesnake, que apuntaban al mismo público. Le sigue el momento blues del disco: Puget Sound con un impecable trabajo vocal. No hay canciones flojas ni malas, es el tipo de disco que queríamos escuchar todos los fans de Deep Purple, por eso la Ian Gillan Band fue una decepción. Dead of Night es una de mis canciones favoritas por el simple hecho que Gillan canta maravillosamente bien. En Messsage in a Bottle, Gillan retoma el estilo vocal que seguirá utilizando por el resto de su carrera, forzando su voz, llevándola al límite, aunque no siempre con buenos resultados; no deja de ser triste como una de las voces reconocibles de esa generación haya menguado tanto, hasta quedar en nada y hasta el día de hoy, Gillan sigue intentado llegar a esos agudos, fracasando en el intento. El disco cierra con Fighting Man, canción compuesta por Towns, la pieza que cautivó a Gillan, incitándolo a iniciar un nuevo proyecto. Es el testamento musical de Gillan, la mejor canción de la placa y probablemente la mejor canción de su carrera como solista; es impresionante la manera como canta, llegando por última vez a esos agudos demenciales. La edición del 2007, tiene una canción bonus: una de las mejores reinterpretaciones de Smoke on the Water, grabada durante los ensayos previos al disco.

El Mr. Universe, relanzó la carrera de Gillan, Blackmore incluso le ofreció el puesto de vocalista en Rainbow, pero Gillan todavía no estaba dispuesto a hacer las paces con el pasado. Poco tiempo después, un tal Janick Gers, reemplazará a Bernie Tormé, y luego Ian Gillan remplazará a Ronnie James Dio en Black Sabbath. Las idas y venidas, las ramificaciones de la enorme familia púrpura; un tiempo para recordar, un momento para disfrutar, el vicio encantador, la mirada hacia el ayer.

Ian Gillan

Sobre George

Politólogo, melómano, escritor...

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