Reflexiones y recomendaciones desde la cuarentena – Dieguex (2020)

Después de unos meses extraños, aislado por la cuarentena y distraído por la carga laboral, recién a estas alturas del año puedo sentarme a pensar y compartir con todos ustedes algunas ideas y recomendaciones, de algunos discos que han estado dando vueltas durante estos meses.

En mi caso, puedo definir este año en dos periodos, el primero marcado por una abstracción obligatoria por la pandemia, en la cual la “filosofía de la Historia” ha sido el cable a tierra. Largas amanecidas con el positivismo de Comte, la concepción orgánica de Spengler o las ideas de libertad y felicidad de Huxley. Diferentes maneras de comprender, abordar e imaginar la Historia.

Y ahí estamos, como siempre tratando de dar un sentido y un rumbo a nuestra vida misma, a nuestra esencia, a nuestra existencia. Y obviamente, en todos esos meses, me conecte con una serie de discos, qué a manera de banda sonora y de manera recurrente, me enviaban para “abajo”. A veces con un golpe en el ánimo, otras veces a la latitud propiamente dicha. A veces nos abstraemos y nos conectamos a determinadas frecuencias y simplemente latimos … vivimos.

Y en esos picos y abismos, a veces estamos arriba a veces estamos abajo (como las culturas, las civilizaciones, las sociedades), como la vida misma. Aquí, respiramos diferente y sentimos diferente, percibimos la luz de manera diferente y pensamos diferente también. Y la música, por supuesto, es un reflejo de todo ello. La música siempre viene definida por un contexto ¿Sera posible hablar de un determinismo geográfico para determinados movimientos musicales?

El segundo, me ha llevado a otros “nacionalismos geográficos”. Las ideas de modernidad y progreso, la exploración de nuestros bosques, los procesos y los discursos civilizatorios, nacionalismos, nación, anti-nación, dualidades. Autodeterminaciones y conciencia. Y ahí vamos, seguimos en la construcción de nuestra identidad y como decía Gunter Grass, “es cuento largo”. Pero esa ya es otra historia.

En fin, volviendo a tierra y bajándome de la nube, les presento algunos de los discos que me acompañaron durante todas esas noches de insomnios y productivas madrugadas… Discos con los que volví a encontrarme después de mucho y otros que descubrí en el proceso, por lo general, una cosa lleva a otra… espero que los disfruten…

Napalm Death – Fear, Emptiness, Despair (1994)

Napalm Death

Con el éxito del Diatribes, a veces nos olvidamos de lo que hizo Napalm a principios de los 90. El Diatribes, es un discazo, es un disco hasta bailable, es un giro a la rosca, es seguir ajustando un poco más. El Fear es otra cosa, si bien ya se notan algunos de los elementos progres que se escucharían en el siguiente disco, este disco, es una bestialidad, es pesado, es feroz. Miedo a una epidemia que nos aniquile. En nuestras sociedades modernas: Miedo, vacío, desesperación.

En cierta manera, posiblemente este sea el último y el mejor disco del Napalm Death clásico. El Diatribes abre otras puertas, otro sonido, otro aire, otra vibra. Este Fear, es grindcore del puro y duro. Tiene una mala leche que es para armar despute. Un disco de lo más sólido, es una patada en la nuca. Es visceral, es hostil. Una de las joyas perdidas en el catálogo de estos ingleses.

Eyehategod – Preaching the End: Time Message (2005)

Eyehategod

Eyehategod siempre ha sido una de esas bandas raras. Tan difícil de comprender y escuchar en su época, que ahora que la escuchas veinte y pico años después, te das cuenta que fueron los pioneros y precursores de mucha de la música que escuchamos actualmente. Es Doom sureño. Después, genéricamente empezamos a llamar a este estilo de música como “sludge”. Crowbar o Down, vendrían después. Un tipo de metal, fangoso, pegajoso, agrio, fétido. Un sudor que chorrea y destila alcohol. Denso y ruinoso, como la misma New Orleans.

Esta banda, es fundamental para entender muchas cosas. ¿Temas recurrentes?: la degradación y degeneración del individuo, el alcohol, las drogas, la religión, la mutilación, la violencia, la decadencia de las sociedades. Siempre deambulando entre ese ritmo que va entre un blues calcino, un stoner pútrido y un doom bien rancio.

De esta banda surgieron iconos. El Mike IX Williams, que canta como pocos y es creo yo el precursor de un estilo, de una actitud, y de una forma de cantar. Cuando lo escuchas, sientes como carga ese peso, la vida le ha dado palo y despues de tanto, sigue en pie. El Jimmy Bower es otra leyenda, aunque es más conocido por ser el batero de Down, en este caso, es el violero, el riff y la vibra de esta banda.

Esta banda tiene un catálogo extenso y bien podría haber elegido como recomendación al Take as need for pain (1993), al Dopesick (1996), al Confederacy of ruined lives (2000) o al disco homónimo del 2014. En este caso, me quede pegado a este compilado de versiones y de temas raros, que vale la pena escuchar.

Southern Isolation – Southern Isolation (2001)

Southern Isolation

El “sur” tiene otro tipo de melancolía, posiblemente porque tiene un poquito más de luz. A veces siento que el sur geográfico, tiene una deuda histórica. Como que se estanca y se ahoga en su propia grandeza y esperanza y termina con una onda desilusión. Y se zambulle y se ahoga en la miseria del alcohol, atormentado por un pasado que ya se fue, con un decadente sentimiento de racismo y un fuerte arraigo de identidad cultural y pertenencia étnica y social. Ese “aislamiento geográfico” y mental, es el que enajena, pero también da otro sentido a la palabra libertad. A veces parecería lo mismo hablar de ciénagas y pantanos, que de extensas planicies andinas. Corroe la ansiedad, muerde la angustia, carcome la miseria… y la soledad se hace vicio.

Este EP, en realidad es un proyecto de Stephanie Opal Weindstein, quien en aquel entonces era la esposa de Phil Anselmo, y que en esta ocasión se hace cargo de casi todas las voces y violas del disco. Al escuchar este disco, se me vinieron muchas cosas a la memoria. El disco tiene un aura de melancolía que raya en la desolación, como cuando se te abre el corazón y ya no más. Sin embargo, tiene un aire sureño que es en realidad la esencia del disco. Se siente el sur.

La I got lost in myself again es una de mis preferidas. Es una esas baladas acústicas, tiene un brillo de felicidad, que realmente te arranca una sonrisa. El primer aviso serio de que Opal era una vocal bastante interesante. Come back and let me in (Going down the wrong road), es un temón. New Orleans. Es básicamente piano, una guitarra acústica y por ahí se cuelan algunas líneas de bangio y unos hammonds que son los que le dan esa profundidad. Hay un aire medio bluessie y bien jazzero a lo largo de toda la canción. La forma de cantar es bien rara, varias capas de voces que le dan un aire etéreo, pero no se, por momento canta hasta con un plan hip hop, pero denso obviamente.

The wall of you, es otro tema que nos lleva directamente al sur. Es como estar navegando poco antes de la puesta del sol. Se va el día, se va la luz. Es otro tema acústico, un blues triste que seguro que puede hacerte saltar una lágrima. Pero al igual que el resto esta placa, la producción es muy buena, con varias capas de sonidos, que le dan un ambiente envolvente a todo el disco. El ultimo tema, Southern man I am. Dos violas acústicas y el discurso del Phil. Una manera aun más triste de cerrar el disco. Se me ocurre que este es uno de los temas más introspectivos que ha compuesto el Phil.

Y una vez más, los excelentes coros de Weindstein, que nos muestran que realmente era una vocal muy prometedora. En que terminaría su carrera lo ignoro, ya que hasta donde pude averiguar este es su único trabajo mas o menos conocido. Un disco que posiblemente no es una cosa deslumbrante, pero es un trabajo muy interesante que recoge mucho de la esencia de ese sur geográfico al cual me refiero.

Down – BBC Sessions (2008)

Down

El NOLA (New Orleans, Louisiana) de 1995 es mi disco favorito. Pero no se, en estos meses me volví a conectar con el Down III – Over the under del 2007, que entre otras cosas es un discazo y buscando cosas raras de ese periodo, me encontré con esta sesión en la BBC, de la cual no tenia ni idea.

Sin quererlo, me conecte con este disco de manera inmediata. De hecho, fueron muchas las mañanas de los días que me tocaba salir a hacer compras durante la cuarentena, en los que mis audífonos reventaban con este disco, en calles casi vacías, en las que a veces veía adaptaciones de “moradores de las arenas” y otros seres extraños. Una locura, la gente estaba loca. Pero verdad es que nos mataba el miedo. Que tuca contagiarse. Pero el rock es una actitud, y por suerte ¡nos da esa fuerzas para seguir aguantando!

Volviendo a lo nuestro, este es el line-up que me emociona. Phil, Pepper y el Kirk en las violas, el Bower en la bata y el gran Rex Brown en el bajo. Esta grabación, esta sesión, es un jam para la posteridad. Es la brutalidad de Down en un estudio. Cinco tipos que se conectan y empiezan a rockear. Y surge la magia.

Tres temas del Over the under: la N.O.D, la Beneth the tides, que es una introspección del periodo posterior al huracán Katrina que azotó a New Orleans el año 2005. Los coros del Kirk y del Pepper, te ponen los pelos de punta, es mucha emoción. Y finalmente, la Jail que es una balada blues muy en la onda de la Planet Caravan. Los coros, son como una especie de mantras, que te llegan hasta lo más hondo del pecho.

Es sorprendente escuchar como canta el Phil. No sé como explicarlo, pero se esfuerza en cantar bien abajo, carrasposo en la mayor parte del disco, con un tono que podría ser hasta blackero. Sin embargo, la celebración y el tributo del disco es una versión de una de esas bandas que el Rex siempre ha mencionado como su mayor influencia. ¡Un cover de Led Zeppelin!

No podía ser otra que la When the leeve breaks del Volumen IV del 71. Es un cover perfecto, como truena la bata, el Jimmy Bower es un digno batero de la talla del Bonham. El Rex Brown, con la bandana en la frente y las piernas abiertas a manera de Y invertida, ¡es el riff y el feeling!. Él, es el que lleva la vibra, se pone a la banda en la espalda y ¡ahí se vieron!, ese bajo, tiembla, vibra.

Y que decir del Pepper Keenan y el Kirk Windstein, violeros de primera. Lo suyo es el blues, llano y duro. Riff tras riff, slides tras slide, hasta sumirte en un torbellino, que te chupa o te lanza bien arriba como una elipse ascendente. Y el Phil Anselmo, ya no más. El tono es bien blackero (tienen que escucharla para que me entiendan) y de tanto en tanto, aparecen brillos y destellos y dices, “puta, que cabrón” y si, es increíble como canta. Un cover increíble, ¡que cosa mas emotiva! Y este es un temón, que te emociona y te enloquece, es mucha vibra, es mucha fuerza contenida. Y no solamente por que es Zeppelin, sino por que básicamente es un blues durísimo y de ahí viene toda esta historia… “going down, going down, going down”.

 

 

Sobre Dieguex

República Independiente de Sopocachi. Biólogo e Historiador en proceso. Melómano. Escudriñador de la música, sus procesos culturales, sociales e históricos. Miembro del Equipo de Coordinación del Illimani Metal Fest. Escritor en el Abismo desde 2009.

2 comentarios

  1. Buenas reflexiones querido Dieguex, y discos muy interesantes…

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