מזמור – Wit’s End

Wit’s End

No es el tipo de música que suelo escuchar, Google que todo lo sabe y todo lo escucha me sugirió este disco; justo estábamos hablando de la escena de Portland y zas esto aparece como por arte de magia. No estoy familiarizado con la banda, y como suele suceder en estos casos, es el proyecto de un tipito que graba todo esto desde su cuarto, y es un EP sumamente denso, medio drone, sobre todo al final con su efecto planeador. Es un rasgueo lento, un sermón, una plegaria, un ser humano acosado por su soledad, estamos cansados de razonar, de trabajar todos los días, convencidos de nuestra nulidad; tratando de evadir una certeza que no podemos negar, desperdiciamos nuestra vida. Cuántos de nosotros, solo tenemos por compañía un televisor y nos enfrascamos en largos y tupidos debates, solo para evadir nuestra soledad, nuestras ansias de comunicar, sacar todo lo que tenemos acumulado en largos años de encierro. Todas las cosas que has imaginado, has ideado, esperas compartirlas con alguien; algo tan bobo como contar un chiste se vuelve complicado. Solo anhelas una respuesta; estás solo y nadie oirá tu plegaria.

La pandemia ha revelado las grandes falencias de nuestras sociedades, en las cuales las personas ya no creen en el sistema político ni en la investigación ni en los medios de comunicación, son presas fáciles de charlatanes; ya no estamos conscientes del mundo que nos rodea, hemos fabricado una ilusión, en la cual cada individuo reina e impone sus propias reglas. Una criatura inteligente, propensa a la autodestrucción. Prefiero dejarme morir, pues alguien me ofrece la salvación, el paraíso eterno, la recompensa por todos los vejámenes padecidos. Es más fácil asumir una superstición, que aceptar una realidad compleja. La vacuna es un experimento y sobre esa mentira se construye todo un edificio discursivo que seduce a los incautos, aquellos que no tienen la posibilidad o la capacidad de verificar las fuentes que sustentan una aseveración. Un artículo publicado en una revista con una clara propensión religiosa, no es prueba de nada. Nos refugiamos en la religión, pues nos confiere consuelo, las puertas del reino de dios te esperan, los demás arderán en el infierno. Es simple, es un mensaje claro que por sí mismo no puede ser discutido.

La fe es más fuerte que la razón, cuando alguien cree fervientemente el algo, ese algo que se va a manifestar. Mucha gente dedicó su vida al estudio de lo paranormal o el estudio de avistamientos de objetos voladores no identificados, son profesiones usuales en los Estados Unidos, como el gurú del dióxido de cloro, que salió de una de esas universidades bastante dudosas, pero tiene un título de doctorado en charlatanería. Hay grados académicos en demonología, todo es posible en este mundo y el creyente ve señales de su fe en todo lado. La religión es el tejido de la realidad, es parte de los cimientos de la humanidad, pero la religión nos condena a la ignorancia. En la inmensidad del cosmos, no es posible que estemos solos, la vida sigue su curso y en lugar de observar, admirar y crear conocimiento, seguimos mirando nuestras pantallas compartiendo memes tontos. Pareidolia, da como para colgarse, pensando en los misterios del universo, esa realidad que nos es ajena, porque no la comprendemos, queremos algo más cómodo, más inmediato, es más sencillo sentarse, criticar y envidiar al otro, a ser tan cercano y displiciente porque en sus facciones reconozco mis propios defectos, mis propias falencias y ante la pandemia, todos somos iguales. 

Sobre George

Politólogo, melómano, escritor...

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