In Mourning – The Bleeding Veil (2021)

The Bleeding Veil

La verdad, no estoy familiarizado con la banda; es la era del algoritmo y muchas veces sugiere cosas muy interesantes. Qué más puedo hacer, me dejo subyugar por la corriente, al fin y al cabo, son herramientas muy interesantes para descubrir música y esto es una sorpresa de inicio a fin, detecto muchos matices mientras lo voy escuchando. Ese lado melódico es una verdadera revelación y las voces en limpio, perturbaron cierta armonía, pero encajan bien en la estructura del disco, con esos cambios bruscos y algo sugerentes.

Sovereign, es una excelente manera de abrir un disco y me sirve de introducción a la banda. Yo que ando un poco perdido, un tanto obsesionado por un par de canciones, me pierdo de mucho. Es un fraseo, son los platillos; es post metal, si nos fijamos en las etiquetas. Sin que nadie lo advirtiera, estalla la melodía; es death metal, pero suavito, y cuando uno ya está habituado a cierta cadencia, se produce un giro. Es una característica del metal contemporáneo; es difícil intuir hacia dónde se dirige la canción. Tiene sus momentos épicos, sus guiños al metal épico y ligeramente marcial, esos himnos de guerra, heroicos, propios de una epopeya. Cuando llega el solo de guitarra la canción vira hacia lo mejor.

At the Behest of Night, me frustra no tener las letras a mano, pero la canción comienza utilizando de manera extraordinaria las tres guitarras, para mutar en un ritmo más convencional, con esos pequeños detalles de fondo; hasta la voz, tiene un resquicio tradicional o tradicionalista, aunque la canción no deja de cambiar y conserva todo el esplendor del metal clásico. Definitivamente, es de los mejores discos de melodic death que he escuchando en mi vida. Me impresiona mucho la versatilidad de las voces, se complementan muy bien; la canción tiene un extraordinario equilibrio armónico y ejemplifica toda una vertiente en el metal que se sigue expandiendo y en cuyo centro está Cynic, ellos llevaron al metal por senderos inimaginables. Aquí la esencia es el death, y por encima del riff principal, se sostiene la melodía.

Solitude and Silence, tiene títulos muy poéticos, y algo logro percibir, tendré que sumirme en las letras y en la discografía cuando se presente la ocasión. Tiene algo de jazz, mucho de rock progresivo y la fuerza del metal en la batería y en la voz gutural. Es un contraste muy interesante, por momentos es casi rock alternativo; en esta diversidad que, desde luego, provoca cierto rechazo, encuentro guiños a las diferentes etapas musicales por las cuales he recorrido. Me trae recuerdos, me deja perplejo; vuelvo a escuchar las canciones, buscando detalles y salgo nutrido de nuevas emociones. En la era de los spoilers, que ha falta de otra palabra la hemos acogido como nuestra, no hay sensación que se asemeje al poder descubrir una obra sin tener ninguna referencia. Entro en la ignorancia, siento júbilo al imbuirme en un disco, sin tener ningún conocimiento previo. Por eso, no me gusta escuchar singles, prefiero escuchar las canciones en el marco de un disco.

Thornwalker, aquí la canción da un vuelco hacia el black; es una celebración de la música, una forma de mostrarnos que los límites son superfluos; si tienes la destreza, puedes jugar con los géneros. Me gustan esos cambios, de una violencia fría hacia una melodía muy bien concebida. Usualmente, soy un poco reacio a las voces limpias, pero aquí funcionan muy bien. Siempre me gustó la idea de tener dos vocalistas, generan una interesante dinámica y por eso las canciones tienen mayor dinamismo en su profundidad; dos voces, tres guitarras y esa sólida sección rítmica que por mucho rebasa los confines de su propia contingencia. No me aferro al pasado ni miro con nostalgia el ayer, el presente es lo único real y hay que disfrutar cada momento y esta banda es de las mejores de la escena contemporánea. Sigo pensando que es nueva, aunque el primer disco salió el 2008.

Blood in the Furrows, es tal vez de las canciones más melódicas del disco y pese a ello, igual contiene toda esa fuerza, que se disemina en todos los confines de una obra que adquiere relevancia como unidad. La música, como industria, genera productos de consumo, cosas simples que encajan en la banalidad. Hoy en día el metal, ese bodrio de borrachos e inadaptados, se asemeja más a la música culta que explora la virtuosidad, llevando al límite a sus intérpretes. Al escuchar canciones en dispositivos diminutos o en parlantes de baja cálida, nos perdemos de ese equilibrio, del juego sutil entre los canales, de lo amplio que puede llegar a ser el sonido. Es una densidad y siento los bajos en mi caja toráxica. Es la única forma de apreciar todo esto. Tal vez es el carisma de los equipos de sonido antiguos, o tal vez sea el conducto de la nostalgia. Lo analógico, lo orgánico, el recuerdo de tiempos complejos que creímos simples.

Lights on the Mire; esa cadencia frenética, los cambios bruscos, algo de blues, algo de jazz, progresión sinusoidal; la diversidad es la principal característica de la era en la cual vivimos y la principal virtud del disco, lo repito porque así lo creo. Me sorprende, me deja pensativo, tiene un sonido familiar y, sin embargo, no deja de ser algo muy único. Una obra de arte genera una emoción, pierdes la noción del tiempo y te empecinas en analizar cada detalle. Sigo pensando en ese conservadurismo hosco que recubre todas las acciones humanas, esa voluntad de asirse a una tradición, a un modo de hacer las cosas, férreo, inamovible, ineluctable; así deben ser las cosas porque sí, así siempre fue y así siempre será. La rebeldía consiste en aceptar el cambio, repudiar el dogma, el academicismo, y hacer algo más que un parco reflejo de una realidad inaccesible.

A ratos es tedioso, siempre la misma información condensada en cientos de páginas que repiten lo mismo, lo importante es generar contenido, sin importar la calidad; un producto de consumo más. Escuchar un disco es una experiencia única, más aún sin saber que esperar; la escena de Gotemburgo, el nacimiento del melodeath, aunque esta banda tiene un trasfondo gótico muy interesante, por cierto. Beyond Thunder, coquetea con el avant-garde y retoma las progresiones usuales del metal contemporáneo sin caer en lo fatuo. Juegan con las melodías, así como yo juego con el lenguaje, en ámbitos muy diferentes, claro está. En la luz mortecina de una habituación sucia, tecleo con obstinación, deshago las palabras, me canso, reniego, pero al final disfruto de la música y esta es mi conexión, con aquello que torpemente llamamos realidad.

Sobre George

Politólogo, melómano, escritor...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *